La Tribu Equivocada

Piensa en tu compañero de trabajo defendiendo a su partido. El que te suelta los argumentos oficiales como si fueran suyos. El que justifica lo injustificable con la cara seria. El que dice "es que hay que entender el contexto" cuando pillan a los suyos.

¿Lo has visto ridículo alguna vez? Claro que sí. Todos lo hemos visto.

Ahora la pregunta difícil: ¿Te has visto ridículo a ti mismo cuando haces lo mismo?

Porque lo haces. Todos lo hacemos. Cuando es tu equipo, encuentras la manera de justificarlo. "No está probado", "son montajes de la prensa", "y el otro qué", "hay que ver el contexto completo". Los mismos argumentos que te parecen patéticos cuando los usa el otro.

Nadie se cree realmente que Ayuso no sabía lo de su hermano con las mascarillas. Ni que Sánchez no tenía ni idea de Air Europa, de lo que hacía Ábalos, o de que Paco Salazar era un acosador. Ni que Feijóo desconocía quién era el tipo del yate o las irresponsabilidades de Mazón con la DANA.

Nadie. Ni siquiera tú.

Pero cuando te toca defender a los tuyos, de repente te transformas. Usas los mismos argumentos ridículos que te hacen reír cuando los usa el contrario. Y lo haces con la cara seria, como si no te dieras cuenta de que estás haciendo exactamente lo mismo que criticabas ayer.

Hay un segundo de lucidez. Un momento fugaz en el que te escuchas a ti mismo soltando la defensa oficial y una parte de tu cerebro te dice: "Esto es ridículo". Pero lo apagas rápido. Porque reconocerlo sería traicionar al equipo. Y eso no se hace.

Ese segundo de incomodidad es lo único real en toda la conversación. Es tu cerebro resistiéndose a la propaganda. Es la parte de ti que todavía piensa por sí misma diciéndote: "Oye, que esto no tiene sentido".

Pero lo ignoras. Porque defender a tu tribu es más importante que tener razón.

El problema es que tu tribu no es la que crees.

Tu tribu no es el PP, ni el PSOE, ni Vox, ni Sumar. Tu tribu son los ciudadanos que se levantan cada día a trabajar, pagar impuestos, y tratar de que les alcance el sueldo. Gente que necesita sanidad que funcione, educación que sirva, y que no les roben desde arriba. Da igual si votan rojo, azul o morado. Esa es tu tribu.

La tribu de los políticos es otra. Ellos están todos en el mismo club. Se pasan por la puerta giratoria, se colocan en consejos, se perdonan entre ellos, y saben que dentro de cuatro años puede que cambien los papeles. Todos saben que el juego es largo y que lo importante es mantenerse en la mesa.

Mientras tanto, tú y yo nos peleamos con nuestros vecinos por defender a gente que ni siquiera nos conoce. Nos tiramos los trastos a la cabeza. Rompemos relaciones. Discutimos en comidas familiares. Todo por defender a tipos que están jugando al mismo juego contra nosotros.

¿No te has sentido ridículo alguna vez defendiendo los argumentos de "los tuyos"? ¿No has visto ridículos los argumentos de tu compañero de trabajo que defiende a los suyos?

Los has visto como ridículos porque son ridículos. Y cuando los usas tú, también lo son.

La pregunta no es si Ayuso sabía o no sabía. La pregunta es: ¿por qué te importa más defender a Ayuso que exigir que nadie se lleve comisiones con dinero público? ¿Por qué te importa más atacar a Sánchez que exigir que ningún político use su cargo para enriquecerse?

Estás en la tribu equivocada. Y mientras sigas defendiendo a gente que te jode, ellos seguirán ganando.

La próxima vez que te sorprendas justificando lo injustificable, presta atención a ese segundo de incomodidad. No lo ignores. Esa es la parte de ti que todavía piensa.

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