Menos propaganda, más soluciones: lo que el feminismo actual no quiere discutir

El feminismo debería liberar a las mujeres, no infantilizarlas. Debería defender sus derechos, no negarles capacidad de decisión. Debería resolver problemas reales, no distraer con propaganda. Sin embargo, el discurso feminista dominante —importado de contextos anglosajones y nórdicos— está traicionando a las mujeres mediterráneas al venderles un victimismo que las paraliza y negarles un poder que siempre han tenido.

Este artículo no niega la existencia de discriminaciones reales. Las reconoce. Pero señala algo urgente: mientras nos distraemos con teatro simbólico, los problemas reales que destruyen vidas no se resuelven. Y peor aún, el discurso actual convierte a las mujeres en sujetos pasivos incapaces de decidir por sí mismas.

Las falacias del discurso actual

1. El mito del patriarcado mediterráneo

La narrativa dominante asume que España, Italia, Grecia son sociedades patriarcales. Pero cualquiera que haya vivido en una familia mediterránea sabe la verdad: son matriarcados funcionales donde las mujeres gobiernan hogares, presupuestos, decisiones familiares y relaciones sociales. Y los hombres aceptan ese orden de buen grado.

La abuela mediterránea mandaba. La madre mediterránea gobierna. Las hijas heredaron ese poder real, cotidiano, sin aspavientos. Pero ahora les venden que son víctimas. Les cambian poder real por victimismo simbólico. Es un trueque absurdo.

2. Confundir igualdad con identidad

El discurso actual obsesiona con que haya 50% de ingenieras. Pero igualdad no es que hombres y mujeres sean idénticos en intereses y elecciones. Igualdad es que quien quiera ser ingeniera no encuentre obstáculos por su género.

Si después de eliminar toda discriminación resulta que más mujeres eligen medicina que ingeniería, eso no es problema. Es libertad. Los países nórdicos lo demuestran: más igualdad de oportunidades genera más diferencias en elecciones profesionales, porque la gente elige lo que realmente le interesa sin presión económica.

Obsesionarse con cuotas de resultado es negar la libertad de elección en nombre de la igualdad. Es absurdo.

3. La negación de la libido femenina

El discurso del "solo sí es sí" —no la ley, sino la visión cultural que hay detrás— asume que la iniciativa sexual es masculina y las mujeres solo consienten o rechazan. Eso niega que las mujeres tengan deseo propio y capacidad de iniciativa sexual.

Las mujeres mediterráneas siempre han tenido libido visible y activa. Sus madres y abuelas no eran víctimas pasivas esperando ser deseadas. Expresaban deseo propio. El discurso actual las empuja a rol pasivo disfrazado de "protección". Les roba la iniciativa sexual vendiéndoles seguridad.

4. Infantilizar sus elecciones

Cuando una mujer elige trabajar en casa en vez de fuera, el discurso actual asume que no elige libremente, que está presionada. Pero la sociedad presiona a todo el mundo: a hombres a ganar dinero, a todos a consumir, a aparentar. Asumir que solo las mujeres son incapaces de elegir bajo presión es decir que son más débiles mentalmente. Que necesitan tutela. Que sus elecciones solo son válidas si un comité de expertos las aprueba.

Eso no es feminismo. Es paternalismo disfrazado.

5. Todos los hombres son asesinos y las mujeres no saben defenderse

El discurso de "todos los hombres" criminaliza a la mitad de la población por las acciones de una minoría. Y presenta a las mujeres como víctimas indefensas perpetuas, negando su capacidad de ser fuertes, preparadas, capaces de defenderse.

Pero hay algo peor: obliga a las mujeres a criminalizar a sus hijos, padres, hermanos, abuelos, parejas. Y si se niegan, si defienden a los hombres buenos que aman, se convierten en cómplices. Es chantaje emocional que destroza relaciones y familias.

El perjuicio central: te convierten en menor de edad

Todas estas falacias no son problemas separados. Son manifestaciones del mismo paternalismo que convierte a las mujeres en menores de edad sin capacidad de actuar.

Te dicen que eres víctima sin responsabilidad sobre tu situación. Te paralizan. Te niegan poder real que siempre has tenido. Te convierten en sujeto pasivo que necesita protección constante, tutela permanente, validación externa de cada decisión.

No es empoderamiento. Es infantilización.

Y el resultado es devastador: mujeres que tenían poder real lo cambian por discurso vacío. Mujeres que podían elegir libremente ahora dudan de cada elección. Mujeres que expresaban deseo propio ahora esperan pasivamente. Mujeres que criaban hijos con orgullo ahora los miran con sospecha.

Tenías capacidad de decisión. Te la quitaron en nombre de protegerte.

Soluciones pragmáticas vs propaganda inútil

Si de verdad importan las mujeres, hay que resolver problemas reales. No hacer teatro.

El teatro actual:

  • Lenguaje inclusivo
  • Cuotas en consejos de administración
  • Campañas de concienciación
  • Días simbólicos

Problemas reales ignorados:

Maternidad sin penalización profesional

Una mujer que tiene hijos arruina su carrera profesional. Eso sí es discriminación estructural masiva. Y la solución no es que los padres cojan baja también (eso reparte la penalización, no la elimina). La solución es que la sociedad asuma el coste de algo que beneficia a todos: que haya niños.

Estas son ideas para empezar a trabajar en soluciones reales. No son propuestas cerradas, son ejemplos del tipo de medidas estructurales que deberíamos estar discutiendo:

  • Reducir coste de Seguridad Social de empresas desde que una empleada se queda embarazada hasta después de la baja maternal
  • Subvencionar formación de mujeres en post-maternidad para evitar obsolescencia profesional
  • Incentivar planes de reincorporación empresarial que garanticen trayectoria profesional continua

Y lo más revelador: ningún partido político propone nada parecido. Prefieren propaganda que genera titulares a soluciones que requieren trabajo serio.

Reconocimiento del trabajo doméstico

Si una mujer elige dedicarse al hogar, esa elección merece respeto y reconocimiento económico. No es sometimiento. Es trabajo que aporta valor real a la familia y la sociedad.

Una medida concreta: reducción de Seguridad Social familiar (5%) si la mujer elige trabajar en casa. Esto no es caridad. Es reconocer una función económica real.

Violencia: datos quirúrgicos vs propaganda

Sí, hay que luchar contra la violencia hacia las mujeres. Pero si de verdad queremos salvar vidas, necesitamos datos de detalle que permitan medidas quirúrgicas, no propaganda de grano grueso.

¿Cuántas víctimas tenían denuncias previas ignoradas? ¿Qué perfiles de riesgo son identificables? ¿Hay patrones por origen, edad, nivel socioeconómico, rural vs urbano? ¿Qué medidas funcionan realmente?

Datos granulares permiten soluciones focalizadas que salvan vidas. Pero datos granulares pueden contradecir la narrativa. Y para el feminismo de propaganda, mantener la narrativa es más importante que salvar vidas.

Una pregunta final

Mientras discutimos lenguaje inclusivo y cuotas simbólicas, las mujeres siguen eligiendo entre maternidad o carrera. Siguen sin reconocimiento si eligen trabajar en casa. Siguen muriendo porque los protocolos de protección fallan sistemáticamente.

¿De verdad creemos que el problema es cómo hablamos? ¿O es que resolver problemas reales requiere esfuerzo, recursos, valentía política... y mantener el teatro es más fácil?

Las mujeres mediterráneas merecen mejor que victimismo importado. Merecen soluciones reales, no propaganda. Merecen que se las trate como adultas capaces de decidir, no como menores que necesitan tutela permanente.

Merecen feminismo pragmático, no feminismo de pose.

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