El Manual para Destruir una Superpotencia

Los imperios no caen derrotados en batallas épicas. Caen exhaustos, quebrados desde dentro, incapaces de sostener el peso de su propia ambición.

La industria de EEUU abandonada
El Imperio Español no cayó en Rocroi. Siguió existiendo casi dos siglos más después de esa derrota. Cayó porque se quedó sin plata de América, porque las guerras constantes en Flandes vaciaron sus arcas, porque el oro que entraba por Sevilla salía inmediatamente hacia banqueros genoveses y flamencos. España mantenía el mayor imperio que el mundo había visto, con tercios invencibles y flotas que surcaban todos los océanos. Pero cada guerra costaba más de lo que generaba. Cada victoria era más cara que la anterior. Y al final, no fueron derrotados militarmente. Simplemente se quedaron sin dinero para seguir jugando.

Roma no cayó ante los bárbaros; cayó porque ya no podía pagarse a sí misma. El Imperio Británico no perdió una guerra decisiva; se quedó en bancarrota después de dos guerras mundiales que consumieron todo su músculo económico.

La historia es clara: los imperios caen cuando ya no pueden sostener económicamente el peso de su propia ambición

Estados Unidos está caminando exactamente por el mismo precipicio. Y lo fascinante es que sus enemigos parecen haberlo entendido perfectamente.

El Gigante con Pies de Barro

La narrativa oficial sigue vendiendo a EEUU como la potencia hegemónica indiscutible. Pero miremos los números sin propaganda:

La deuda federal supera ya los 36 billones de dólares. No son números abstractos en un papel. Es dinero real que hay que devolver, con intereses que cada año consumen una porción mayor del presupuesto. Dinero que no va a infraestructuras, educación o sanidad. Dinero que simplemente se evapora pagando el coste de haberse endeudado antes.

La competitividad industrial es historia pasada. China fabrica, Alemania y Japón diseñan e innovan en sectores clave, EEUU... ¿qué hace EEUU? Importa. La desindustrialización no es un dato técnico, es la erosión del músculo económico real. Cuando un país pierde su capacidad de producir, pierde su capacidad de ser independiente. España en el siglo XVII importaba hasta los clavos mientras la plata se iba a pagar manufacturas extranjeras. EEUU importa electrónica, acero, componentes críticos... mientras su capacidad industrial real se evapora.

La cohesión social está rota. Un país dividido en tribus irreconciliables, incapaz de ponerse de acuerdo ni en los hechos básicos de la realidad. Ciudades con zonas que parecen tercer mundo, crisis de opiáceos, violencia, desigualdad brutal. Esto no es una potencia sana. Es una potencia fingiendo que no está enferma.

Y ahora el empleo empieza a crujir. Los datos maquillados no ocultan la realidad: empleos precarios, salarios que no alcanzan, una clase media que desaparece. Cuando la gente no puede pagarse una vida digna trabajando a tiempo completo, el contrato social está roto.

Este no es un imperio en su apogeo. Es un imperio al límite.

La Adicción que Acelera el Colapso

¿Y qué hace un imperio al límite cuando debería estar reduciendo gastos, invirtiendo en reconstrucción interna, curando sus heridas?

Se mete en más guerras.

Venezuela. Taiwán. Irán. Ucrania con apoyo masivo. Presencia militar en decenas de países. Bases por todo el mundo. Portaviones desplegados. Cada nuevo frente es un nuevo sangrado. Cada nueva amenaza requiere más presupuesto militar. Más endeudamiento. Más recursos que no van a arreglar lo que está roto en casa.

Es exactamente la trampa en la que cayó España. Felipe II heredó un imperio inmenso y lo mantuvo en guerra permanente: Flandes, Francia, Inglaterra, el Mediterráneo contra los turcos, Portugal, las Azores. Cada guerra era "necesaria" para mantener la hegemonía. Cada guerra costaba más de lo que el imperio podía generar. La plata de América entraba por toneladas... y salía inmediatamente para pagar a banqueros que financiaban las guerras, para comprar armas y provisiones a fabricantes extranjeros, para sostener ejércitos en territorios lejanos.

Y aquí está la trampa perfecta que se repite: el dinero público se gasta, pero ¿quién se lo queda?

En el caso español: banqueros genoveses, fabricantes flamencos, mercaderes alemanes. El oro español financió el desarrollo industrial de media Europa mientras España se empobrecía.

En el caso americano: el complejo militar-industrial. Lockheed Martin, Raytheon, Northrop Grumman... empresas privadas que facturan miles de millones vendiendo armas, sistemas, contratos.

Durante décadas este juego funcionó. El dinero fluía de lo público a lo privado, pero la economía americana era tan potente que podía permitírselo. Era el precio de mantener la hegemonía. Funcionaba porque había músculo económico de sobra para sostenerlo.

Pero ese tiempo se acabó.

Ahora cada dólar que va a parar a una empresa de defensa es un dólar que hace falta desesperadamente para tapar agujeros internos. La maquinaria sigue funcionando por inercia, pero el combustible se ha agotado. Lo que antes era sostenible ahora es suicida.

Las ventas de armamento a Taiwán generan negocio privado espectacular. Pero no arreglan el déficit público. No reconstruyen infraestructuras. No mejoran la sanidad ni la educación. Enriquecen a accionistas mientras el país se desmorona.

España en 1640 seguía siendo el mayor imperio del mundo. Pero estaba en bancarrota. Otra vez. Como en 1557, 1575, 1596, 1607, 1627... Las bancarrotas se sucedían porque los ingresos nunca alcanzaban para cubrir los gastos de mantener el imperio. Pero seguían gastando. Seguían metiéndose en guerras. Porque parar significaba admitir que el imperio era insostenible.

EEUU no ha declarado bancarrota. Todavía. Pero la dinámica es la misma: gasto militar creciente, deuda disparada, ingresos insuficientes, y la negativa a admitir que el modelo es insostenible.

La Estrategia del Enemigo Inteligente

Ahora viene la pregunta realmente interesante: ¿Son China, Rusia, Irán tan tontos como para enfrentarse militarmente a EEUU? ¿O son lo suficientemente listos como para entender que no hace falta?

Los enemigos de España en el siglo XVI y XVII no eran idiotas. Francia sabía que no podía derrotar a los tercios españoles en campo abierto. Inglaterra sabía que su flota era inferior. Holanda era un puñado de provincias rebeldes. ¿Qué hicieron? Mantener múltiples frentes abiertos simultáneamente. Obligar a España a enviar ejércitos a Flandes, flotas al Caribe, tropas a Italia, recursos a Alemania. Cada frente costaba. Ninguno era definitivo. Pero todos juntos, desangraban.

No derrotaron a España militarmente. La agotaron económicamente.

Pensemos fríamente en la situación actual:

Rusia en Ucrania: No atacó a EEUU. Atacó a un vecino. Pero consiguió que EEUU y Europa se gastaran decenas de miles de millones en apoyo militar, sanciones que dañan su propia economía, crisis energética. Rusia está sangrando, sí. Pero está consiguiendo que Occidente se desangre con ella. Y lo más importante: está obligando a EEUU a gastar recursos masivos en Europa del Este.

China con Taiwán: No invade. Provoca. Vuelos militares, ejercicios navales, retórica agresiva. Y EEUU responde desplegando portaviones, vendiendo miles de millones en armamento, comprometiendo recursos. China no tiene que hacer nada más que mantener la tensión alta. EEUU gasta. China espera. Y mientras tanto, construye su músculo industrial, su tecnología, su influencia económica por todo el mundo.

Irán: Décadas de tensión controlada. Nunca cruza la línea que desataría guerra total, pero mantiene la presión suficiente para que EEUU tenga que mantener presencia militar permanente en Oriente Medio. Bases, tropas, barcos, aviones. Todo eso cuesta. Mucho. Y no genera nada excepto más gasto.

Venezuela, Cuba, Nicaragua: Provocaciones menores que obligan a respuestas, despliegues, sanciones que generan complicaciones. Cada pequeño fuego que hay que vigilar suma.

¿Es todo esto casualidad? ¿O es la estrategia más inteligente posible?

Si eres enemigo de EEUU y eres listo, ¿para qué intentar ganarles militarmente? Es casi imposible. Su ejército sigue siendo el más potente del mundo. Intentar derrotarles en su terreno es suicida.

Pero si entiendes que están al límite económico y social... entonces la estrategia es obvia: obligarles a gastar en múltiples frentes simultáneamente hasta que colapsen solos.

Es exactamente lo que funcionó contra España. Es exactamente lo que funcionó contra el Imperio Británico (Hitler no los derrotó; los dejó en bancarrota).

No hace falta ganar ninguna guerra. Solo hace falta mantener suficientes conflictos abiertos, suficiente tensión, suficientes amenazas creíbles. EEUU no puede permitirse ignorarlas. Su propia narrativa de potencia hegemónica les obliga a responder. Y cada respuesta cuesta.

Es la estrategia de los mil cortes. Ninguno es mortal. Todos juntos, desangran.

El Final Previsible

Mientras tanto, el ciudadano americano medio paga impuestos que financian guerras en países que no puede ubicar en un mapa. Su dinero enriquece a empresas que cotizan en bolsa mientras él no puede permitirse un tratamiento médico o una educación universitaria para sus hijos sin endeudarse de por vida.

Las carreteras se deterioran. Los puentes se caen. La infraestructura es de país del tercer mundo en muchas zonas. Pero hay dinero para otro portaviones. Hay dinero para otro sistema de misiles. Hay dinero para otra base militar en algún lugar remoto.

El campesino castellano del siglo XVII pagaba impuestos que financiaban guerras en Flandes mientras su pueblo se moría de hambre. El oro de América pasaba por España sin dejar nada. Los tercios eran invencibles, pero Castilla estaba arruinada. El imperio seguía siendo inmenso en los mapas, pero la realidad era de miseria, despoblación y colapso económico.

Y sus enemigos no necesitaron hacer mucho más. Solo seguir provocando. Solo mantener suficientes frentes abiertos. Solo conseguir que España siguiera gastando lo que no tenía en guerras que ya no podía ganar porque la victoria era imposible: cada guerra ganada solo llevaba a la siguiente, más cara, igualmente necesaria para "mantener la reputación."

Los enemigos actuales de EEUU solo necesitan seguir el mismo guión. Solo mantener la tensión. Solo conseguir que EEUU siga gastando lo que no tiene en guerras que no puede ganar porque ya no hay victoria posible, solo más gasto.

La pregunta no es si EEUU caerá. Los imperios siempre caen. La pregunta es si caerá derrotado heroicamente en alguna batalla épica... o si simplemente se derrumbará exhausto, quebrado, incapaz de seguir sosteniéndose, mientras sus enemigos observan sin haber tenido que disparar apenas un tiro.

La historia española ya dio la respuesta hace cuatrocientos años

Y lo más irónico es que EEUU, que se construyó sobre los restos del imperio español en América, está repitiendo exactamente los mismos errores. Con la misma soberbia. Con la misma incapacidad de ver que el problema no son los enemigos externos sino la insostenibilidad interna del modelo.

Lo habrán hecho ellos mismos.

Otra vez.

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