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De Lepanto a Hormuz

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 Relato de ficción Una advertencia antes de empezar. He transcrito reuniones durante décadas. He estado presente en momentos que cambiaron el curso de países, de gobiernos, de vidas. Sé distinguir una conversación importante de una conversación que importa de verdad. Lo que ocurrió aquella mañana en Ankara era de la segunda clase. No lo digo para dar gravedad a lo que sigue. Lo digo porque el lector tiene derecho a saber, antes de leer la primera línea, que detrás de cada palabra elegante que se pronunció en aquella sala, detrás de cada concepto estratégico, de cada análisis frío y cada metáfora cultivada, había algo que ninguno de los presentes nombró en ningún momento. Vidas humanas. No como concepto. Como realidad. Cientos de miles, quizás millones, dependiendo de en qué dirección doblara la conversación. Los hombres que planean en salas sin ventanas raramente piensan en eso. No porque sean monstruos. Sino porque pensar en eso hace imposible planear. Yo sí pienso en eso. Llevo m...

Tu voto no es de ellos. Es tuyo.

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Fíjate en el diagrama. Dos ejes, cuatro cuadrantes. Ahora sitúate. El primero: ¿eres más de derechas o de izquierdas? No el partido, tú. Tus valores. Si te preocupan más las injusticias que las tradiciones, si crees que hay cosas que cambiar en este país, estás a la izquierda del eje. Del 0 al 10, ponle número. El segundo eje: ¿cómo de libre eres respecto a los partidos? Si eres militante o te sientes profundamente identificado con uno, estás en el 0. Si has votado a varios, si ninguno te representa del todo, si puedes ver algo bueno y algo malo en casi todos, estás cerca del 10. Ahora mira dónde has caído. Si eres ideológicamente de izquierdas y estás cerca del 10 en el segundo eje, enhorabuena: tienes criterio propio. Eres exactamente el tipo de ciudadano que los partidos temen y necesitan a la vez. Si estás cerca del 0, tengo una pregunta incómoda para ti: ¿eres político profesional? ¿Vives de la política? Si la respuesta es no, algo no cuadra. Porque estar en el 0 tiene una ló...

A los que están llegando

He tardado setenta años en aprender algo que nadie me enseñó: que tengo derecho a quererme. No lo digo como conquista heroica ni como revelación mística. Lo digo como alguien que durante décadas midió su valor en lo que producía, en lo que generaba, en lo que aportaba económicamente a su familia. Mientras eso funcionaba, funcionaba todo. Cuando se torció un poco, descubrí con sorpresa que debajo de la máquina había un ser humano que llevaba años esperando ser visto. Y ese ser humano no estaba tan mal. A los que estéis cerca de este punto, o ya en él, quiero deciros algo sencillo: ya no tenéis que cumplir. Con nadie. Ni en los negocios, ni en la familia, ni siquiera en la cama. Nadie espera nada de vosotros que vosotros no queráis dar libremente. Y esa libertad, si la dejáis entrar, es la mejor noticia que os han dado en mucho tiempo. El error que veo en muchos hombres, sobre todo hombres, es confundir el valor propio con la capacidad de producir. Es un modelo que funciona un tiempo. Pe...

Menos propaganda, más soluciones: lo que el feminismo actual no quiere discutir

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El feminismo debería liberar a las mujeres, no infantilizarlas. Debería defender sus derechos, no negarles capacidad de decisión. Debería resolver problemas reales, no distraer con propaganda. Sin embargo, el discurso feminista dominante —importado de contextos anglosajones y nórdicos— está traicionando a las mujeres mediterráneas al venderles un victimismo que las paraliza y negarles un poder que siempre han tenido. Este artículo no niega la existencia de discriminaciones reales. Las reconoce. Pero señala algo urgente: mientras nos distraemos con teatro simbólico, los problemas reales que destruyen vidas no se resuelven. Y peor aún, el discurso actual convierte a las mujeres en sujetos pasivos incapaces de decidir por sí mismas. Las falacias del discurso actual 1. El mito del patriarcado mediterráneo La narrativa dominante asume que España, Italia, Grecia son sociedades patriarcales. Pero cualquiera que haya vivido en una familia mediterránea sabe la verdad: son matriarcados funci...